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04 de Marzo de 2021

Director de la Academia Diplomática rinde homenaje al Embajador Pérez de Cuéllar a un año de su partida

Hoy se cumple un año de la partida física del Embajador Javier Pérez de Cúellar, sin duda el más distinguido de los diplomáticos peruanos y uno de los más ilustres personajes de nuestro país en sus doscientos años de vida republicana. Con este motivo, la Academia Diplomática del Perú, que tiene el honor de llevar su nombre, recuerda con profundo respeto y admiración su gran vocación de servicio al Perú y a la comunidad internacional, y reitera su compromiso de continuar promoviendo su inmenso legado entre las nuevas generaciones de diplomáticos.

Precisamente con ese noble propósito, la Academia Diplomática, a instancias de su entonces Director, el hoy Canciller Embajador Allan Wagner Tizón, organizó en enero de 2020, un emotivo homenaje que incluyó una interesante muestra fotográfica sobre su vida para celebrar su centésimo onomástico con sus familiares más cercanos, sin imaginar que pocos días después, lamentablemente, nos dejaría. Estando desempeñando en esa ocasión el cargo de Canciller, me fue muy grato participar de este homenaje y expresar el reconocimiento del Perú por sus importantes servicios a los altos intereses del país y a la comunidad internacional.

En particular, habiendo retornado recientemente de representar al Perú en las Naciones Unidas, señalé que desde esta responsabilidad pude apreciar con mayor claridad la complejidad de la responsabilidad que como Secretario General supo cumplir a cabalidad, así como la importancia y la vigencia de su legado para hacer frente a los graves desafíos de hoy en día. Recordamos que desplegó una diplomacia efectiva que reposicionó a las Naciones Unidas como un interlocutor relevante para ayudar a poner fin a la guerra entre Irán e Iraq, y lograr el retiro soviético de Afganistán, la independencia de Namibia, y los acuerdos de paz en El Salvador, entre otros desarrollos que durante años habían parecido imposibles. Indicamos que todos estos logros fueron posibles, en parte por un contexto internacional más favorable en su segundo mandato, pero, sobre todo, por sus extraordinarias dotes para la diplomacia, que sumaba a su elevado sentido del deber y el amor a su país, así como su vocación humanista y una formación jurídica que fueron sustento de su indeclinable compromiso con la paz, la justicia y la democracia.

Frente a la inestabilidad política de la época, caracterizada por múltiples crisis y conflictos, el escalamiento de una peligrosa carrera armamentista entre las dos superpotencias, y los recortes presupuestarios de la organización, el Secretario General Pérez de Cuéllar enfatizó desde el inicio su independencia e imparcialidad, y supo ejercer sus prerrogativas con autoridad y ponderación. Evitando la presunción exagerada de su rol, como el retraimiento frente a cuestiones difíciles y controvertidas, poco a poco fue ganando la confianza de sus interlocutores, afirmando su autoridad para mediar y promover con eficacia la paz y la seguridad internacionales, y ganando influencia sobre los asuntos globales. Fue entonces que sus esfuerzos empezaron a rendir frutos; y con ello, las Naciones Unidas pudieron contribuir con el fin de la Guerra Fría facilitando un número sin precedentes de acuerdos de paz.

 

En esta ocasión además de sus virtudes como fino negociador y dotes de estadista, quisiera resaltar su visión estratégica sobre los grandes problemas globales y los necesarios reajustes que consideraba debían efectuarse para hacerles frente, tanto en las políticas de los países miembros, como en la propia organización para hacerles frente. Uno de estos reajustes, y en el que insistió hasta el final de sus días, fue el de la necesidad de dar prioridad a la prevención de los conflictos, muy influido por la trágica experiencia de la invasión de Irak a Kuwait.

            Al respecto, el Embajador Pérez de Cuéllar fue consistente en considerar que la paz es mucho más que la ausencia de la guerra. Y fue pionero en advertir la cambiante naturaleza de los conflictos contemporáneos y la necesidad de prevenirlos con un enfoque integral, atendiendo a amenazas entonces emergentes como el terrorismo y el deterioro del medio ambiente, promoviendo el desarrollo sostenible, los derechos humanos y la democracia.

Este enfoque holístico de la paz, o de ¨paz sostenible” como ahora se le conoce, fue consagrado muchos años después, en el 2016, en dos resoluciones idénticas adoptadas por unanimidad tanto por la Asamblea General como por el Consejo de Seguridad, las cuales precisamente buscan prevenir y resolver los conflictos atendiendo a sus causas profundas, promoviendo el desarrollo inclusivo y sostenible, así como la salvaguardia de los derechos humanos, es decir, vinculando los tres pilares de la Carta de las Naciones Unidas.

La otra cara de la moneda fue su visionaria preocupación por promover una visión más amplia del desarrollo. Por ello desde el inicio de su gestión consideró que, para mantener la paz y la seguridad internacionales, era fundamental que las Naciones Unidas promovieran el desarrollo y la lucha contra la pobreza. Con este propósito tuvo la iniciativa de reclutar a la noruega Gro Brundtland, entonces primera ministra para el medio ambiente en el mundo, para presidir la comisión que en 1987 emitió el informe “Nuestro futuro común”, en el que se plantea por primera vez el concepto del desarrollo sostenible y sus tres dimensiones: económica, social y ambiental. Esa visión es el origen de lo que hoy es la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, de alcance universal.

Años después, en 1997, al igual que respecto a la importante vinculación entre desarrollo y medio ambiente, el Embajador Pérez de Cuéllar tuvo oportunidad de profundizar y efectuar contribuciones sustantivas sobre la relación entre cultura y desarrollo, desde su posición de presidente de la denominada “Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo” promovida por la UNESCO, que elaboró el importante informe “Nuestra Diversidad Creativa”.

La vigencia del pensamiento del Embajador Pérez de Cuéllar se puso a prueba en años recientes con ocasión de la participación del Perú tanto en el Consejo de Seguridad, así como en otros órganos de las Naciones Unidas. Su preocupación por la prevención de los conflictos es un asunto que se discute permanentemente en el Consejo de Seguridad y el Perú fue uno de los países que más abogó por que la Secretaría General hiciera evaluaciones regulares sobre los potenciales conflictos o tensiones en el mundo con miras a tomar medidas preventivas, no obstante que ello es cuestionado por países que se oponen a que el Consejo de Seguridad discuta asuntos vinculados a los derechos humanos y ven en ello una posible erosión del “sacrosanto¨ principio de la no intervención en los asuntos internos. Igualmente, la vinculación entre paz y desarrollo es un asunto que recibe amplio respaldo, principalmente de los países en desarrollo, y se ha materializado en la aprobación de resoluciones sobre paz sostenible, como la que el Perú consiguió adoptar por unanimidad durante su presidencia del Consejo de Seguridad en abril de 2018.

Su visión sobre los grandes temas de la escena internacional y sus esfuerzos en favor de la paz y el desarrollo forman parte del valioso testimonio personal sobre su labor al frente de las Naciones Unidas: Peregrinaje por la Paz. Por ello, la Academia Diplomática, viene desplegando esfuerzos para asegurar una pronta reimpresión de esta valiosísima obra que debe ser conocida por las nuevas generaciones de diplomáticos y todos los interesados en el rol que cumplen las Naciones Unidas en la solución de los problemas mundiales.

Lima, 4 de marzo 2021

Embajador Gustavo Meza-Cuadra

Director de la Academia Diplomática del Perú Javier Pérez de Cuéllar

 

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